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Los hombres confiesan porqué pagan por sexo

Los hombres confiesan porqué pagan por sexo

Las miradas, las formas y sus anécdotas se han documentado un sinfín de ocasiones sin abandonar, lamentablemente, un discurso eterno que pocas veces logra la reivindicación o el entendimiento global de la práctica: el de lo ilícito, el de la conmiseración pasiva. Usualmente se miran estos retratos con recato, lástima, angustia o incluso desprecio, pero nunca en la disposición por sanar las fracturas de un ejercicio riesgoso o por comprender la sistemática complejidad de un negocio urgente de reflexión y orden.

 

En ese intento por diversificar la representación y el análisis de la prostitución, se han capturado en repetidas oportunidades los rasgos más íntimos y externos de aquellas mujeres que buscan en este trabajo un sostén para la supervivencia actual. Mujeres que, tanto en el testimonio periodístico como en el anuncio de sus servicios, muestran su cara y su cuerpo en un intento por la desmitificación, el estigma satánico.

Pero cabe recalcar que justamente esa fotografía y esa entrevista están dirigidas estrictamente a la figura femenina cuando, en realidad, las problemáticas o factores para dichos requerimientos sexuales obedecen a un cúmulo de razones, vistas y circunstancias humanas carentes de revisión. ¿Qué pasa, por ejemplo, con los clientes? Esos hombres que pagan por minutos de sexo o encuentros de compañía.

 

Esa misma pregunta se planteó la artista española Cristina de Middel, quien decidió realizar un proyecto fotográfico en Río de Janeiro para aclarar las perspectivas alrededor de este mundo silenciado, pero altamente activo. En “Gentlemen’s Club”, como se llama la mencionada serie de imágenes, ella invierte los papeles para escuchar, pero sobre todo, traer al imaginario común la presencia de lo masculino a este escenario.

En una práctica extremadamente contemporánea del arte y sus alcances sociales, Middel recurre a la transposición de caracteres pagando por la utilización de cuerpos no con un fin sexual, sino en la búsqueda de una historia y la fragilidad de un sistema socioeconómico en el que todos estamos envueltos; aunque esto no involucre una postura política en la producción de la artista, sí le posiciona como una crítica y una agente informativa que sólo pone las cartas sobre la mesa en cuanto a la posición comunitaria y posible legalización de la trata de personas.

Asimismo, brinda la posibilidad de nuevas miras y conocimiento de los motores en tal negocio, dando a saber los pensamientos del público consumidor; por ejemplo, se encuentra entre los fotografiados a Silvio, un joven de 28 años que contrata prostitutas alrededor de tres veces a la semana en su trabajo como guardia de seguridad en un club nocturno. También vemos a Walter, un soltero de 50 años que encuentra refugio entre las piernas de una sexoservidora; o a Hugo, un señor de 70 años que frecuenta prostíbulos desde los 12 pensando que el papel de las mujeres es exclusivamente el de satisfacer las necesidades carnales del hombre.

Middel, entonces, con este pequeño acto y un anuncio en el periódico para hallar hombres asiduos al negocio del placer, les posiciona en ese mismo marco de vulnerabilidad; les remunera con una cantidad similar a la de un servicio cotidiano de alcoba (entre 100 y 150 reales) por posar en una cama de hotel de paso y saber un poco más de sus actos.

En media hora y no más, Cristina fue capaz de devolverle a los caballeros en cuestión un poco de ese valor monetario que frecuentemente se le da al sexo femenino y un sentimiento de flaqueza ante el apuro de conseguir unas monedas; la artista afirma que cada uno de ellos negoció su tarifa conforme a su aparición ante la cámara. En tan sólo unos minutos, Middel reconoció y nos comparte a través de insistentes tomas que la prostitución es una de las profesiones o salidas sociales peor contadas en el mundo, una actividad desinformada en la que el resto de las mujeres encuentran una amenaza o un delito, y en la que los hombres hallan un escape natural para sus pasiones.

A la fecha. “Gentlemen’s Club” se compone de 15 retratos, aunque Cristina de Middel, actualmente residiendo en México, pretende ampliar su serie a lo largo de este país y Tailandia, para seguir obviando y generar discusión en torno a la mancha desoladora, denigrante o misteriosa que significa la prostitución en naciones que ven con la mitad de los ojos tapados.

 


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